Criar un hijo con dislexia siendo disléxico: la mezcla de empatía, dolor y oportunidad

Lic. Julieta Dorgambide

Directora Clínica · Educa Chubi

4 min de lectura

Reconoció la letra de su hijo en la carpeta.

La misma confusión entre b y d.

El mismo esfuerzo visible en cada renglón.

Y algo dentro de ella se apretó.

No de miedo.

De reconocimiento.

Porque sabe exactamente lo que siente ese niño.

Porque ella lo vivió.

Criar un hijo con dislexia cuando vos también tenés dislexia es una experiencia que tiene capas que el resto de los padres no conoce.

Hay empatía enorme — entendés desde adentro lo que el niño siente cuando el texto se le enreda. Pero también hay cosas más difíciles: el dolor de ver repetirse algo que a vos te costó mucho, la tentación de sobreproteger, la culpa de sentir que 'se lo pasaste'.

En esta guía te cuento qué dice la investigación sobre la dimensión hereditaria de la dislexia y, sobre todo, cómo navegar esta experiencia que es única.

La genética: lo que sabés y lo que eso genera

Galaburda y colaboradores documentaron desde los años 80 la base neurobiológica de la dislexia. Los estudios genéticos posteriores confirmaron una hereditabilidad del 40-70%.

Shaywitz (2003) fue directa: si uno de los padres tiene dislexia, el riesgo de que el hijo la desarrolle es significativamente mayor. Eso es un dato. Y como todo dato, puede generar reacciones distintas.

En consulta, los padres con dislexia que tienen hijos con dislexia suelen traer dos versiones de culpa:

  • La culpa de 'habérsela transmitido'
  • La culpa de no haber pedido ayuda antes, porque 'yo tampoco fui al psicopedagogo y salí adelante'

No elegiste tener dislexia.

No elegiste que tu hijo la tuviera.

La genética no es una decisión.

Y que hayas sobrevivido sin diagnóstico

no significa que tu hijo tenga que hacer lo mismo.

La empatía: la mayor fortaleza y el mayor riesgo

Los padres con dislexia tienen algo que muy pocos padres tienen: comprensión desde adentro. Saben qué siente ese niño cuando el texto no va. Pueden identificar cuándo el esfuerzo es mayor de lo que parece. Y no minimizan lo que el niño describe porque ellos lo vivieron.

Eso es una ventaja enorme en el acompañamiento.

El riesgo aparece en dos formas:

  • Sobreprotección: porque sabés lo que duele, podés tender a evitar que el niño enfrente situaciones de lectura antes de que esté listo. Eso retrasa el proceso de intervención.
  • Proyección: el dolor que vos tenés de tu propia historia puede superponerse con lo que realmente está viviendo tu hijo, que es una persona distinta con su propio recorrido.

Tu experiencia es la mayor brújula que podés tener como padre. Pero no es la experiencia de tu hijo. Son distintos.

¿Cómo ayudar sin que el proceso te desborde a vos?

Esta es la pregunta que no se hace suficiente. El foco siempre está en el niño. Pero cuando el padre también tiene dislexia, el proceso del hijo activa cosas propias.

Lo que ayuda:

  • Hacer tu propio trabajo: si nunca recibiste intervención formal, considera buscarla ahora. No solo por vos — porque tu propio proceso influye en cómo acompañás al niño
  • Hablar con el profesional de tu historia: que la psicopedagoga sepa que vos también tenés dislexia le da información relevante para trabajar con tu hijo y también para apoyarte a vos
  • Separar sesiones de acompañamiento de sesiones de intervención: no intentar hacer vos la intervención en casa como si fueras el terapeuta — es demasiado para el vínculo
  • Compartir tu experiencia en las dosis correctas: que tu hijo sepa que vos también tenés dislexia y saliste adelante es valioso. Que te vea desbordado por el tema no lo es.

Eide y Eide (2011) documentaron que los adultos con dislexia que encontraron contextos de éxito y apoyo temprano tienen trayectorias significativamente mejores. Conocer eso puede ayudar a entender qué es lo que más querés darle a tu hijo.

¿Qué contarle a tu hijo sobre tu propia dislexia?

Decirle que vos también tenés dislexia puede ser una de las cosas más poderosas que podés hacer. Le da un modelo de identificación — alguien que lo conoce desde adentro y que igualmente construyó una vida.

Pero hay formas de hacerlo:

  • Simple y directo: 'A mí también me costaba leer cuando era chico. Yo también tengo dislexia.'
  • Con perspectiva: 'A mí me costó, y encontré formas de salir adelante. Te voy a ayudar a encontrar las tuyas'
  • Sin convertirlo en carga: no es el momento de contar toda tu historia de dificultades escolares. Una o dos líneas son suficientes

Lo más importante

Criar un hijo con dislexia siendo disléxico tiene capas que otros padres no conocen.

La empatía que tenés es una fortaleza real. El dolor de tu propia historia es algo que vale la pena trabajar para que no se superponga.

Tu hijo necesita un padre que lo acompañe — no que lo proteja de todo, ni que reviva su propia historia a través de él.

Saber lo que siente tu hijo desde adentro es el mejor punto de partida que podés tener. Lo que hacés con eso es lo que marca la diferencia.

Entender lo que le pasa es el primer paso para ayudarlo.

Preguntas frecuentes

P:¿Debería contarle a mi hijo que yo también tengo dislexia?

R:Generalmente sí, y cuanto antes mejor. Saber que alguien a quien admira tiene la misma condición y construyó una vida da un marco de referencia poderoso. Más útil que cualquier elogio.

P:¿Puedo hacer la intervención de mi hijo en casa yo mismo?

R:No como sustituto de la intervención profesional. Podés acompañar, practicar lo que el psicopedagogo indica, leer en voz alta juntos — pero la intervención formal requiere formación específica. Intentar ser el terapeuta de tu propio hijo puede complicar el vínculo.

P:¿Cómo sé si lo que estoy sintiendo es empatía o proyección?

R:Una señal útil: si lo que te preocupa tiene que ver más con lo que vos viviste que con lo que tu hijo describe que está viviendo, probablemente hay algo de proyección. Hablar con un profesional puede ayudar a separarlo.

P:¿Tengo que hacer mi propia evaluación de dislexia si nunca la tuve?

R:No es obligatorio para ayudar a tu hijo. Pero si nunca recibiste intervención y seguís teniendo dificultades, una evaluación puede abrirte estrategias que te cambien la vida adulta — además de darte más herramientas para acompañar a tu hijo.

P:¿El hecho de que yo salí adelante sin intervención significa que mi hijo no la necesita?

R:No. Vos saliste adelante a pesar de no tener intervención, con un costo que probablemente conocés bien. La intervención temprana reduce ese costo. Tu hijo puede llegar más lejos con menos esfuerzo si recibe el apoyo adecuado desde temprano.

Lic. Julieta Dorgambide

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Lic. Julieta Dorgambide · Psicopedagoga y Directora Clínica de Educa Chubi

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Este artículo fue elaborado por Lic. Julieta Dorgambide, psicopedagoga.

Educa Chubi acompaña procesos de aprendizaje con evidencia científica y experiencia profesional. Este artículo aborda dimensiones emocionales complejas — si el proceso genera angustia intensa, acompañamiento psicológico propio puede ser valioso.

Cada familia es única. Esto es un mapa, no una sentencia.

Referencias

  1. 1.Shaywitz, S. E. (2003). *Overcoming Dyslexia: A New and Complete Science-Based Program for Reading Problems at Any Level*. Knopf.
  2. 2.Eide, B. L., & Eide, F. F. (2011). *The Dyslexic Advantage: Unlocking the Hidden Potential of the Dyslexic Brain*. Hudson Street Press.
  3. 3.Galaburda, A. M., Sherman, G. F., Rosen, G. D., Aboitiz, F., & Geschwind, N. (1985). Developmental dyslexia: four consecutive patients with cortical anomalies. *Annals of Neurology, 18*(2), 222-233.
  4. 4.International Dyslexia Association. (2020). *Knowledge and Practice Standards for Teachers of Reading*. IDA.
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