Verano sin rutinas: por qué los niños se desregulan y qué hacer

Lic. Julieta Dorgambide

Directora Clínica · Educa Chubi

3 min de lectura

Diciembre llega.

El colegio termina.

Y algo en la casa cambia.

Más peleas.

Más berrinches.

Más "mamá" a cada momento.

Y vos sin entender qué pasó.

El verano promete descanso. Y sin embargo, muchos padres llegan al fin de las vacaciones más agotados que al inicio.

No es casualidad. Los niños — especialmente los más pequeños, y los que tienen perfiles más sensibles — necesitan la rutina para regular su conducta. Cuando la rutina desaparece, la conducta sigue.

Acá te explico qué está pasando y qué podés hacer.

Por qué la rutina es un regulador conductual

El cerebro infantil no distingue "libertad" de "imprevisibilidad". Para un niño de 3 a 8 años, no saber qué viene después activa el sistema de alerta — el mismo que se activa ante el miedo.

La rutina funciona como un regulador externo: le dice al sistema nervioso del niño qué esperar. Cuando eso desaparece, el niño usa el único regulador que tiene disponible: la conducta.

La rutina no es una jaula. Es la estructura que permite que el niño se relaje — porque sabe qué viene después.

Barkley (2013) describe cómo los niños con menor capacidad de regulación interna (especialmente los más pequeños y los que tienen TDAH o perfiles ansiosos) son los más vulnerables a los cambios en la estructura temporal.

¿Qué conductas son más frecuentes en verano?

En consulta de diciembre a febrero, los pedidos de orientación más frecuentes son:

  • Aumento de berrinches o rabietas, especialmente en la tarde-noche.
  • Dificultad para dormir — cambio de horario de sueño, resistencia al dormirse.
  • Más demanda de atención constante.
  • Conflictos más frecuentes con hermanos.
  • Irritabilidad post-pantalla (después de mucho tiempo de pantalla, el niño está más desregulado, no más relajado).
  • Dificultad para aceptar cuando acaba algo divertido.

Ninguna de estas conductas es patológica en sí. Son respuestas esperables a la desregulación ambiental.

¿Qué hacer para que el verano funcione mejor?

No puedo estar todo el verano con un cronograma. Necesitamos descansar también nosotros.

Totalmente de acuerdo. No se trata de replicar el horario escolar. Se trata de mantener algunos anclas que el sistema nervioso del niño reconoce como estructura.

Mantené los horarios de sueño dentro de un rango razonable. Acostar al niño una o dos horas más tarde es manejable. Horarios completamente impredecibles, no.

Creá una rutina de mañana liviana. Desayuno, algo de actividad física, tiempo libre. Eso solo ya reduce la desregulación.

Ponele límite real a las pantallas. No en términos de moralidad — sino de regulación. El cerebro hiperactivado por pantallas necesita tiempo de descompresión antes de poder regularse.

Avisá con anticipación los cambios. "En media hora almorzamos." "Cuando termine este capítulo, apagamos." La anticipación reduce la resistencia.

Creá transiciones activas. Entre la pileta y la siesta, entre las pantallas y la cena — una actividad de transición (caminar, juego tranquilo) facilita el paso.

El verano no tiene que ser perfecto.

Tiene que ser sostenible.

Para el niño y para vos.

¿Cuándo la desregulación del verano es señal de algo más?

Si las conductas de desregulación son tan intensas que ninguna estructura las mejora, o si persisten incluso cuando hay rutina — vale la pena evaluarlo. Algunos niños usan el verano como el momento donde una dificultad subyacente (ansiedad, TDAH, perfil sensorial) se hace más visible.

El verano es el momento donde la dificultad de regulación que el colegio compensaba aparece sin red.

Lo más importante

La desregulación conductual en verano es predecible — y manejable.

No necesitás un cronograma rígido. Necesitás algunas anclas que el sistema nervioso de tu hijo pueda reconocer.

Si nada mejora aunque haya estructura, consultá.

El verano ideal no es el sin conflictos. Es el que vos y tu hijo pueden atravesar juntos sin quedar destruidos.

Entender lo que le pasa es el primer paso para ayudarlo/a.

Preguntas frecuentes

P:¿Es normal que mi hijo esté más irritable en verano?

R:Sí. El cambio en la estructura diaria, el calor, el cansancio acumulado y el exceso de estímulos son factores reales. Lo que sí merita atención: si la irritabilidad es extrema, no mejora con descanso y estructura, o si hay cambios de ánimo bruscos.

P:¿Cuántas horas de pantalla son razonables en verano?

R:La Academia Americana de Pediatría sugiere no más de 1-2 horas diarias para niños de 2 a 5 años, y tiempos acordados con límites claros para niños mayores. Lo más importante no es el número exacto sino qué pasa después del tiempo de pantalla: si el niño queda desregulado, el tiempo fue demasiado para ese niño en ese momento.

P:¿Tengo que mantener la siesta en verano si mi hijo ya no duerme?

R:Si el niño ya no necesita la siesta, no es necesario forzarla. Lo que sí es útil: un tiempo de descanso silencioso (30-45 minutos de actividad tranquila) a media tarde. Reduce la irritabilidad vespertina significativamente en niños de 4 a 7 años.

P:¿El aburrimiento en verano es malo para los niños?

R:No — al contrario. El aburrimiento es el estado que precede al juego creativo. El problema es cuando el aburrimiento va acompañado de desregulación (el niño no puede tolerar el no-estímulo). Eso sí merece atención.

P:¿Cómo manejar los berrinches durante las vacaciones cuando no podés ir a ningún lado?

R:Lo mismo que cualquier berrinche: no ceder durante la escalada, acompañar sin amplificar, esperar que baje. Lo que cambia en verano es el contexto — más cansancio, más calor, menos estructura. Minimizá los factores de riesgo (descanso, comidas, tiempos de transición) y vas a ver menos episodios.

Lic. Julieta Dorgambide

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Lic. Julieta Dorgambide · Psicopedagoga y Directora Clínica de Educa Chubi

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Este artículo fue elaborado por Lic. Julieta Dorgambide, psicopedagoga.

Educa Chubi acompaña procesos de aprendizaje y desarrollo con evidencia científica y experiencia profesional. Esta guía busca orientar, no reemplazar una evaluación individual.

Cada niño es único. Esto es un mapa, no una sentencia.

Referencias

  1. 1.Barkley, R. A. (2013). *Defiant Children: A Clinician's Manual for Assessment and Parent Training* (3.ª ed.). Guilford Press.
  2. 2.Siegel, D. J., & Bryson, T. P. (2011). *The Whole-Brain Child*. Delacorte Press.
  3. 3.Kazdin, A. E. (2008). *The Kazdin Method for Parenting the Defiant Child*. Houghton Mifflin.
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